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Resistencia a la insulina: el enemigo silencioso, pero no invisible.

  • 11 mayo 2026
  • Por Alondra Ramos Sahagún y Hugo Esquivel Solís

Alondra Ramos​​​-Sahagún estudiante de la Maestría en Ciencias en Innovación Biotecnológica del CIATEJ
Hugo Esquivel-Solís​ investigador de la Unidad de Biotecnología médica y Farmacéutica del CIATEJ



Uno de cada tres adultos podría tener resistencia a la insulina sin saberlo. Esta alteración silenciosa es la precursora de enfermedades como la diabetes tipo 2, pero detectarla a tiempo puede rescatar tu salud.

La insulina es una hormona producida por el páncreas que actúa como una llave maestra que abre las puertas de nuestras células para que la glucosa pueda entrar y convertirse en energía. Cada vez que comemos, nuestros niveles de glucosa en sangre aumentan y el páncreas libera la insulina para ayudar a que esa glucosa llegue a donde se necesita. En la resistencia a la insulina, las células de tu cuerpo, principalmente de los músculos, grasa e hígado comienzan a “ignorar” las señales de la insulina. Es como si “la llave” entrara a las cerraduras, pero las puertas ya no abren y el azúcar se acumula en la sangre (conocido como azúcar alta o hiperglicemia). En esta situación, el páncreas responde de manera compensatoria liberando más insulina, intentando forzar la entrada de glucosa a las células. Durante un tiempo, esto funciona y los niveles de azúcar en sangre se logran mantener normales, pero a un costo muy alto, ya que, el páncreas trabaja en exceso y los niveles de insulina quedan crónicamente elevados (llamado hiperinsulinemia). Sin embargo, la persona ignora que está teniendo esta resistencia a la insulina y, con el paso del tiempo, el páncreas se agota de producir cantidades excesivas de insulina y pierde su capacidad compensatoria. En este momento, los niveles de glucosa en sangre comienzan a mantenerse elevados de manera sostenida y aparece la prediabetes que, de seguir ignorando esta circunstancia, y si no se interviene, evolucionará hacia diabetes.

La diabetes misma puede ser silenciosa durante los primeros años, y los síntomas graves como insuficiencia renal o ceguera pueden manifestarse décadas después. En el 2024, se estimó que uno de cada tres adultos de los 14 millones que vivían con diabetes en México, lo desconocía, y en menores de 40 años hasta dos de cada tres. Mientras que a nivel mundial 1 de cada 2 personas con diabetes no sabe que la tiene; más de 483 millones tenían la enfermedad en 2022. ​​​​​En México, mueren por diabetes 13 personas por hora en promedio; la segunda causa de todas las muertes, y cada 9 segundos ocurre una muerte por diabetes en el mundo. Aunque el problema real son las muertes “invisibles”. Estas cifras son solo las muertes donde la diabetes aparece como causa principal. Pero la resistencia a la insulina también mata a través de infartos, insuficiencia renal, derrames cerebrales — causas que se registran por separado. Si se sumaran, el número real sería significativamente mayor. La resistencia a la insulina es el hilo conector de otras anomalías como hipertensión arterial, dislipidemias (colesterol elevado, triglicéridos altos o HDL bajo) y obesidad abdominal. En conjunto, estos factores de riesgo son conocidos como el “síndrome cardiometabólico”, responsable del 70% de las causas de muertes prematuras por enfermedades no transmisibles a nivel mundial.

La resistencia a la insulina no aparece de la nada; es el resultado principalmente de un acúmulo de malos hábitos. El exceso en el consumo de energía por una dieta rica en carbohidratos simples, bebidas altamente azucaradas, harinas procesadas y grasas, está entre los principales factores desencadenantes, aunado al sedentarismo, estrés crónico y mala calidad de sueño, provocando sobrepeso y obesidad. El exceso de grasa abdominal promueve inflamación en el cuerpo y la liberación de ácidos grasos que se acumulan en diferentes órganos como el hígado, interfiriendo directamente con las señales normales de la insulina al interior de las células afectando el mecanismo de apertura de la cerradura.

A pesar de lo alarmante que suena, esta resistencia puede ser reversible cuando se detecta a tiempo, especialmente en etapas tempranas como la prediabetes, donde con cambios en alimentación, ejercicio y pérdida de grasa abdominal se puede revertir en semanas o meses. Incluso en diabetes reciente (menos de 10 años), estudios clínicos han mostrado remisión en cerca del 50% de los casos. El problema real es que la mayoría de las personas no saben que ya la tienen y desaprovechan la ventana donde revertirla es más fácil y completa.

La resistencia a la insulina es silenciosa, pero no invisible. El cuerpo avisa, pero hay que poner atención y acudir de inmediato al médico. Las señales más comunes son: aparición de la llantita (grasa acumulada en el abdomen), piel oscura en el cuello o axilas (acantosis nigricans), antojos frecuentes de alimentos dulces o carbohidratos, irritabilidad cuando no comes, niebla mental y mucha sed. La señal más ignorada es el cansancio o sueño intenso después de comer — mucha gente lo considera normal, pero no lo es. Si tienes tres o más de estas señales, muy probablemente ya estás desarrollando resistencia a la insulina — y lo más probable es que aún no lo sepas.​​​​​​​​​ Tampoco es normal “subir de peso con la edad”. Lo normal es tener una figura esbelta. No se trata de apariencia estética o de estándares de belleza; se trata de tu salud. Tampoco se trata de realizar dietas extremas, sino de cambios sostenibles en tu estilo de vida.

Cuando la resistencia a la insulina ya no es reversible, los medicamentos se convierten en el aliado para mantenerla bajo control. “Irreversible” no significa sin solución, significa que con medicamentos se puede vivir estable y evitar complicaciones graves. El más común es la metformina, que le indica al hígado que no produzca tanta glucosa y mejora la sensibilidad a la insulina. Le siguen los inhibidores SGLT2 (como empagliflozina), que hacen que se elimine el exceso de azúcar por la orina y protegen el corazón y los riñones; y los más modernos, agonistas GLP-1 (incretinas), que reducen el apetito, bajan la glucosa y promueven pérdida de peso significativa. En etapas más avanzadas, se requiere insulina inyectable para reemplazar lo que el páncreas ya no puede hacer solo. Aunque los agonistas GLP-1 (como semaglutida) son los más revolucionarios hoy, requieren de administración generalmente semanal (si es inyectable) o diaria (si son tabletas) por periodos prolongados, limitando su uso por el costo elevado. En nuestro grupo de investigación desarrollamos un nuevo fármaco que, en los estudios en computadora, así como en células y animales de laboratorio, ha demostrado ser un excelente candidato a medicamento oral con efecto significativo en la sensibilidad a la insulina, creando una alternativa viable de tratamiento para la población más vulnerable.

Lo más importante es que los medicamentos ayudan, pero no frenan el daño si tu estilo de vida no cambia.​​​​​​​​​​​​​​​​

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