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Del hielo al laboratorio: CIATEJ estudia microorganismos antárticos con potencial biotecnológico

  • 16 julio 2026
  • Por Jesús Fuentes González, José Martín Márquez Villa

Las muestras recolectadas durante la Primera Campaña Antártica Mexicana permitirán explorar nuevas aplicaciones biotecnológicas con potencial para la industria, la salud y el medio ambiente.



Tras concluir la Primera Campaña Antártica Mexicana (CAMEX-1), organizada por el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (CIATEJ) y la Agencia Mexicana de Estudios Antárticos (AMEA), personal científico mexicano comenzó con el análisis de las muestras recolectadas en uno de los ecosistemas más extremos del planeta, con el objetivo de generar conocimiento científico y desarrollar nuevas aplicaciones biotecnológicas.

La expedición estuvo integrada por el Dr. Pablo Gerardo Torres Lepe, director de la Agencia Mexicana de Estudios Antárticos (AMEA); el M. en C. Adrián Izaid Ramos López, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); el Dr. Alfredo Francisco Yanez Montalvo, de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC); y el M. en C. José Martín Márquez Villa, estudiante del Doctorado en Ciencias en Innovación Biotecnológica del CIATEJ. Además, del cercano seguimiento de la presidenta de la AMEA, la Dra. Patricia Valdespino Castillo.

El equipo científico arribó el 26 de enero a Punta Arenas, Chile, punto de partida de la expedición, donde personal de Gobernación Marítima y del Instituto Antártico Chileno (INACH) brindaron soporte logístico. Posteriormente, el 31 de enero zarpó a bordo del buque ucraniano Noosfera con destino a la Base Académica Vernadsky, a la que llegó el 5 de febrero. Tras desarrollar las actividades de investigación y recolección de muestras en territorio antártico, el grupo emprendió el viaje de regreso el 20 de febrero, culminando una misión que marca un precedente para la ciencia mexicana.

Durante la campaña se recolectaron muestras de distintas matrices ambientales, como agua, suelo y, principalmente, tapetes microbianos, comunidades de microorganismos capaces de sobrevivir en condiciones extremas. Estas muestras serán estudiadas mediante herramientas metagenómicas para conocer su diversidad genética y comprender los mecanismos que les permiten desarrollarse en ambientes de bajas temperaturas, alta radiación y escasez de nutrientes.

Uno de los principales objetivos del trabajo desarrollado por José Martín Márquez Villa fue iniciar la construcción del que podría convertirse en el primer banco genético mexicano de microorganismos antárticos. Para ello, durante la expedición se conservaron microorganismos cultivables en tubos con agar inclinado, manteniendo una estricta cadena de frío durante su traslado hasta la subsede Zapopan del CIATEJ.

Una vez en el laboratorio, el equipo inició el aislamiento y cultivo de las cepas recolectadas. Entre los microorganismos obtenidos se encuentran levaduras, hongos, arqueas y bacterias halófilas, bacterias heterótrofas, posibles actinomicetos y microorganismos fotosintéticos que actualmente se estudian para determinar si corresponden a microalgas o bacterias. Paralelamente, el resto de los integrantes de la expedición desarrolla análisis de secuenciación y caracterización de las muestras ambientales, fortaleciendo un esfuerzo científico colaborativo.

El siguiente paso será identificar las características genéticas y funcionales de estos microorganismos para conocer su potencial biotecnológico. Debido a que los extremófilos han evolucionado para sobrevivir en ambientes altamente hostiles, pueden producir proteínas, pigmentos, enzimas y otras biomoléculas de gran interés para aplicaciones en la industria, la salud, la agricultura y la protección ambiental. A largo plazo, estos hallazgos podrían traducirse en nuevos desarrollos tecnológicos e incluso en patentes generadas por la ciencia mexicana.

Más allá de los resultados científicos, la expedición dejó una profunda experiencia humana para los investigadores participantes. José Martín Márquez Villa destacó la hospitalidad del personal científico ucraniano de la Base Académica Vernadsky y del buque rompehielos Noosfera, con quienes compartieron el trabajo de campo durante varias semanas.

"Muchos imaginan la Antártida como un desierto frío y desolado; sin embargo, para quienes hacemos ciencia representa una enorme biblioteca genética construida a lo largo de más de millones de años de evolución. Cada muestra puede ayudarnos a comprender mejor la vida y abrir nuevas oportunidades para la biotecnología", señaló.

El CIATEJ reconoce y agradece el respaldo del Gobierno de Ucrania, cuya colaboración hizo posible que científicas y científicos mexicanos viajaran a bordo del buque Noosfera y realizaran estancias de investigación en la Base Académica Vernadsky, fortaleciendo la cooperación científica internacional y consolidando la participación de México en la investigación antártica.

Con la CAMEX-1, México da un paso histórico en la exploración científica de la Antártida y sienta las bases para futuras investigaciones que contribuirán al conocimiento de la biodiversidad microbiana de uno de los ecosistemas más singulares del planeta y al desarrollo de soluciones innovadoras para beneficio de la sociedad.

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